No es casualidad que Alaska sea el primer puerto de escala de ese crucero de lujo con el que todos soñamos. El paisaje helado, tan sobrecogedor como asombroso, la agreste belleza que empequeñece al espectador, la fauna endémica y los bosques de hoja perenne marcan este viaje en estrecha comunión con la naturaleza más deslumbrante. Pero la belleza exterior no es más que el principio. Alaska tiene mucho más que ofrecer a los que no se conforman con los glaciares y los relatos sobre la fiebre del oro.